Cooperativismo Masonico

Opinión: Sergio Salazar Arguedas *

CooperativismoLa coyuntura actual que atraviesa el país es compleja porque el Covid-19 ha incidido de manera integral en todas las áreas de la vida productiva, social y económica del país, tanto de manera directa como indirecta.  Prácticamente no hay actor público o privado, individual o colectivo, que haya evitado los impactos de la crisis, por lo que se conoce a diario en la opinión pública nacional que las respuestas pasan por soluciones sistémicas como país, no parciales, las cuales agravarían aún más los problemas de desigualdad y de exclusión que ya nos afectan como sociedad.

El enfoque del sistema-mundo de Immanuel Wallerstein resulta esencial para buscar esas soluciones. Tanto en el ámbito mundial como en el nacional, el sistema-mundo ha manifestado que los centros tienen mayores capacidades de absorción de las crisis y de recuperación económica en el corto plazo. Las razones que lo explican es que lideran y tienen hegemonía en materia de tecnología, en inversiones, en gobernanzas de cadenas de valor, en mercados, acceso a recursos y a toma de decisiones políticas en todo nivel. Los centros además concentran y mantienen las condiciones óptimas de rentabilidad de las inversiones, tanto sociales como económicas, por lo que las más relevantes áreas en el mundo tienen esa connotación de dominación que el propio sistema se encarga de mantener.

Las periferias, como tales, son zonas receptoras de condiciones que imponen los centros, por consiguiente, sujetas a las condiciones extractivas de plusvalor y de retorno de inversión en todo nivel. Son zonas que estructuralmente tienen menores condiciones de desarrollo, de tecnología, de acceso a crédito, de tejido social y de incidencia en las decisiones de su futuro como colectivo. Las semiperiferias son zonas intermedias que han desarrollado condiciones sociales que se acercan a los centros, sin que ello implique que se comporten y desarrollen como tales, pero cualitativamente no reúnen las condiciones de subdesarrollo de las periferias.

Así las cosas, el desarrollo y el subdesarrollo en este sistema-mundo son caras de una misma moneda, de un sistema que para crecer desequilibra las capacidades del sistema natural, así como de los otros sistemas sociales. La historia de la sociedad moderna es la historia de la desigualdad que hoy explota al sistema por su incapacidad de colocar la vida como su principal razón de ser, desplazada por la ganancia y el lucro.

En ese contexto nuestro país tiene condiciones de periferia estructuralmente consolidadas que, sin embargo, desde 1949, bajo el enfoque del movimiento cooperativo y del Estado; ha logrado dar una connotación diferenciada al país, atenuando los impactos negativos de la dependencia para importantes sectores de la población.

En efecto, la Costa Rica que inició los pasos de la Segunda República lo hizo de la mano del Estado y del cooperativismo, puestos al servicio del desarrollo y la búsqueda de la equidad social gracias al pensamiento de Rodrigo Facio y el CEPN. El desarrollo de zonas rurales localizadas fuera del sistema-mundo se dio gracias a cooperativas de electrificación rural, con ello se sentaron las bases del desarrollo en Los Santos, San Carlos, Zarcero, Occidente y Guanacaste.

La modernización del agro se dio de la mano del ITCO y del IDA, primero en la asignación de tierras y luego en el desarrollo rural. Posteriormente el INDER asume la estafeta de seguir el desarrollo de las regiones, en procura de ser consolidadas como centros, de forma tal que los beneficios se distribuyan en la zona. Es un imperativo nacional descentralizar la riqueza de la región central hacia otras zonas del país. Las cooperativas de café son hijas del Banco Nacional y de su departamento de cooperativas. La historia cuenta cómo se construyó capital social comunitario en los pueblos, mientras que, de la mano de su personal, fortalecían la gestión financiera y técnica para la sostenibilidad de las cooperativas.

Hoy el Infocoop tiene el gran reto de mantener y superar el legado que el país ha generado en beneficio de su población. Sin embargo, sectores que desconocen sus aportes al país desean limitar sus capacidades de reacción en momentos tan necesarios como los actuales. Mundialmente la crisis está manifestando las deficiencias creadas en el sistema-mundo. La debilidad o ausencia de Estados eficientes aumenta la vulnerabilidad de los sectores sociales con mayor rezago. Actualmente las discusiones deben girar alrededor de las formas como fortalecer el Estado y ponerlo al servicio del desarrollo, tal y como se dio en 1949.

Si ya había zonas de ser y no ser bajo la perspectiva fanoniana antes de la pandemia, ahora estamos consolidando necropolíticas sociales por la incapacidad del sistema en humanizar la propia vida, sobre todo de esos que excluye y, además, de los que se niega a integrar. La crisis está dejando claro que no basta con tener oportunidades si el sistema no ofrece los mecanismos para capitalizarlas; no basta con tener educación, si el sistema no facilita que sea útil para la vida; no basta con tener acceso a salud, si el sistema no opera para mantener la vida. Antes de la crisis, los problemas de la desigualdad convivían con el sistema, hoy lo destruyen, porque el sistema no puede estar diseñado para el apropiamiento de unos cuantos, a costa del resto de personas con mismos derechos, sin importar su procedencia social.

El cooperativismo nacional tiene mucho por aportar para superar como nación la crisis del Covid-19. La apuesta de Costa Rica debe ser desde la solidaridad, desde la cooperación, desde la defensa por la vida en todas sus manifestaciones, procurando un mundo más solidario para todo ser viviente.

Las bases de la Costa Rica que aún disfrutamos tienen profundas raíces cooperativistas. La reactivación económica, la modernización de sectores, la apuesta por crear pequeños propietarios en todo el país, de llevar energía y desarrollo a comunidades rurales y, sobre todo, de construir solidaridad en las comunidades, son los fundamentos del país establecidos en el año 1949 para nuestra integración decidida al sistema mundo-económico. Hoy lo podemos hacer de manera más eficiente, capitalizando las experiencias, pero, sobre todo, reconociendo que el camino es en solidario, camino que ya anduvimos y lo dejamos perdido como sociedad.

*Sociólogo, gerente de Desarrollo Estratégico del Infocoop

Fuente: https://www.diarioextra.com/Noticia/detalle/424440/crisis-cooperativismo-y-estrategias-de-reactivaci-n