Simbolismo de las velas

Tres velas
El simbolismo de las velas

Las velas simbolizan la luz y la relación entre el espíritu y la materia, dado que el fuego (espíritu) acaba por fundir, transformar y hacer desaparecer la cera (materia). Su significado, pues, permanece ligado al de su máxima expresión, la llama, que representa, según diferentes culturas y distintas épocas, las fuerzas espirituales de la naturaleza y/o la potencia fecunda de los seres celestes.

La llama, en todas las tradiciones, es el símbolo por excelencia de la purificación, la iluminación y el amor espiritual; es asimismo la imagen del espíritu y la trascendencia, es el alma del fuego siempre venerado en todas las religiones. Simbolismo de purificación en las Escuelas Iniciáticas. El fuego con sus llamas, al igual que el sol con sus rayos, simboliza también la acción fecundante, purificadora e iluminadora indispensable para la vida. Está íntimamente asociado también a la regeneración tanto física como espiritual.

Las velas, como su nombre indica, sirven para develar e iluminar. Su simbolismo está estrechamente unido al de la llama, al de la luz, y en la masonería al de las estrellas. Encender una vela comporta un ritual, es tocar una puerta, invocar a fuerzas superiores en concordancia con nuestra voluntad, con nuestras oraciones,  con los deseos que sentimos y deseamos realizar y por lo cual hemos encendido las velas.

La vela por estar hecha de cera adquiere también parte del simbolismo de las abejas: trabajo, justicia, actividad y esperanza.

¿Cómo se apaga una vela?.

Aunque muchos autores de temas esotéricos aseguran que jamás hay que apagar una vela soplando, e indican hacerlo siempre con un apagavelas o una cucharilla, algunos recomiendan lo contrario. Nuestro hálito, nuestro soplido constituye a vincular nuestra energía, nuestro poder para ello; si deseamos alejar de nosotros las influencias de la vela, el soplo debe ser simple. Pero, si, por el contrario, queremos impregnarnos de sus efluvios, colocaremos una mano por detrás de la llama antes de soplar, así la mano actuaría como pantalla que nos devuelve parte de ese mágico ritual.

Muchas personas prefieren dejar  que se consuma por sí misma, para que, continúe alumbrando después del motivo por el cual ha sido encendida. Como hacerlo queda a la decisión de quien la ha encendido, porque en realidad su pensamiento y los deseos por lo cual se realizó el encendido, o el ritual establecido,  es lo que realmente cuenta y vale.

Debemos evitar toda superstición y darle fuerza siempre a nuestras buenas intenciones hacia el Ser Supremo;  nunca a las supercherías que pueden conducirnos a la hechicería…

Rafael Manzanares Benavides