
Masonería y Política
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Comunicado del Gran Maestro
1 Junio, 2026
Origen de la Francmasonería
En primer lugar, deseo dejar claro, que mi escrito es absolutamente personal, no en representación de ninguna de las Respetables Logias masónicas, ni de Oriente alguno. Admito que habría sido más conceptual hablar de historia y no de origen. ¿Por qué? Porque los acontecimientos que trascienden en una sociedad marcan objeto de estudio, permitiendo su historicidad. En cambio, el origen, bien puede entenderse como nacimiento, raíz y causa de algo; o como principio, motivo y causa moral o de otra índole, que permite cual manantial hacer fluir algo, que puede permanecer como nació, o sufrir cambios que se dan luego y después de su nacimiento
Lograr estar cierto en el origen de esta universal Orden, es harto difícil, sino imposible. Las investigaciones sobre su historia y sobre su origen, no producen una exposición segura, exacta y completamente satisfactoria de los elementos que puedan darnos una fecha, época y lugar de origen. Por lo tanto, tomaré en cuanta algunos escritos que considero fidedignos y también habré de considerar los usos y costumbres, las alegorías y el lenguaje simbólico que claramente me dé luz, sobre aspectos importantes y mayúsculos que han prevalecido con el tiempo, de épocas ha, hasta nuestros días. Nadie sabe a ciencia cierta cuándo y dónde se inició la masonería. La tradición afirma que la antigua masonería inició en Egipto, entre los maestros y arquitectos que dirigían la construcción de las grandes Pirámides. Si quisiéramos hacer parangones de la masonería actual con esa época, se me ocurriría entonces ir hasta Euclides filósofo matemático de Megara, quien llegara a ser maestro en las siete ciencias.
Euclides enseñó la geometría y dictó una regla de conducta a los matemáticos de Alejandría (hoy Egipto) en los siguientes términos: En primer lugar, debían ser fieles al rey y al país a que pertenecieran; amarse y ser fieles entre sí; darse el nombre de hermanos o de compañeros.
Debían elegir por maestro al más sabio, sin tener en cuenta para esta elección la amistad particular, las condiciones de nacimiento o de riqueza, sino las dotes de sabiduría y de prudencia; todos se obligaban bajo la fe del juramento a observar todas estas prescripciones. Otros historiadores masones, ubican el origen de la Orden en Israel, en la época en que los judíos construían el Templo de Salomón, dado el recurrente simbolismo alusivo en las logias actuales. El primer indicio de su existencia, sin embargo, aparece en siglo trece, cuando un grupo de albañiles que querían emanciparse de la tutela de los frailes, en especial de los benedictinos, constituyeron gremios que llegaron a monopolizar la construcción.
Para conservar sus secretos y las técnicas de construcción, principalmente el gótico, instituyeron tres grados: aprendiz, compañero y maestro, implantando ceremonias de iniciación y de fidelidad al gremio. Tiene mucha fuerza el argumento de eminentes masones, que sostienen su origen en la construcción del Templo de Salomón por Hiram de Tiro, supuesto primer masón. De ser así, constituiría este hecho el período mítico de la masonería. Este argumento se fortalece día a día, debido a las ceremonias de iniciación de los tres grados de la masonería azul, del rito escocés, Antiguo y Aceptado. Basta ver la inicial de cada una de las dos Columnas del Templo masónico y las que estaban colocadas en el Templo de Salomón, para encontrar una enorme similitud, pero ¿Podría ser esto un simple simbolismo? ¿Y qué decir del “Collegia Fabrorum” (Colegios de Arquitectos), protegidos por el Rey de Roma Numa Pompilio?, Rey contrario a las costumbres groseras de su pueblo, pues era un gobernante tendiente para resaltar la virtud, interesado por la filosofía y desinteresado por la violencia y la codicia. Él en su afán de acabar con los elementos rivales dentro del reino, estableció una religión común y dividió a los ciudadanos en curias y tribus, lo mismo hizo con los artesanos a quienes agrupó en corporaciones, bajo el nombre Collegia Artificum. A cada colegio le fueron asignados los artesanos de una profesión particular. Numa, quien era un profundo conocedor de las leyes divinas adaptó los ritos Egipcios, Griegos y Caldeos a la forma Romana de Dionisio, dándole a los colegios un culto y una organización, que les era propia; gozaban los constructores del derecho de formarse sus reglamentos y de concluir contratos seculares y religiosos, disfrutaban la inmunidad de las contribuciones, franquicia que se extendió durante la Edad Media, dando origen a la denominación de masones libres o francmasones, quienes se dedicaban a las construcciones de fortalezas, acueductos, templos y palacios imperiales. Esta organización de los Colegios era muy similar a la de las Logias.
Los masones presentan un común denominador con el pensamiento de Numa Pompilio, consistente en la inquietud por el conocimiento, partiendo de lo evidente no por el método mayéutica, pero si similar a la búsqueda socrática. El masón busca conocerse a sí mismo, amando la libertad y apoyándose en la fraternidad, para la realización práctica de la Verdad, de la justicia y de los grandes arquetipos del pensamiento humano en general. Esta identificación del masón, tienen objetivos similares en la figura del Rey Numa, quien creyó siempre poder alcanzar las virtudes sin la violencia; por lo contrario, a través del cultivo de la sabiduría y del ejercicio de la justicia.

De la misma manera, el pertenecer a un Colegio romano tenía como finalidad el aprendizaje práctico y vivencial del oficio. Más similitudes entre los gremios del reinado de Numa, que ocurrió entre el 716 a. C al 674 a. C y la masonería actual: Collegium (Unidos por la ley) Tres Faciunt Collegium (Tres son compañía), o sea que tres hacen un Colegio. En una logia, tres la dirigen, cinco la iluminan y 7 la tornan justa y perfecta. Los constructores de edificios se reunían en algún sencillo cobertizo o habitáculo (cámara), donde depositaban sus herramientas y utensilios de trabajo y discutían sobre las labores a llevar a cabo. Este cobertizo, o cámara, constituye la Logia.
El Colegio (según Numa) era regido por un Magister o Maestro. La Logia es presidida por un Maestro, a quien se le denomina Venerable Maestro, el cual es elegido por los miembros de la misma Logia. Este Maestro, ostenta durante su Veneratura como emblema o joya, la escuadra. Nótese que los Colegios instituidos por Numa Pompilio y las logias masónicas, tienen caracteres comunes; es decir, ambos, contienen en su génesis interna la misma estructura. Lo mismo ocurre con los personajes, símbolos y la leyenda del tercer grado masónico con el Templo de Salomón y las Logias masónicas. Con la muerte (674 a. C) del Rey Numa Pompilio, perdió fuerza el Colegio de Artesanos (“gremio”) y vino la decadencia con la llegada envuelta en desgracia familiar de su sucesor Tulio Hostilio, quien, con su ambición de engrandecer a Roma por medio de guerras, trajo la desgracia que hizo alejarse a los “agremiados” La opinión de que la masonería tiene su origen desde los antiguos misterios se esparció rápidamente por Alemania, Inglaterra y América, pero principalmente en Francia, donde un anticuario muy erudito, Alex Lenoir, la defendió con muchísimo talento. Todos los escritores masones tenían esa misma opinión de Alex Lenoir, excepto Moreau y el masón Rebold que, en su Historia General de la Masonería (Paris 1851) emite la misma opinión que el masón K. C. F. Krause, quien atribuye el origen de la masonería a las corporaciones y sociedades de los romanos.
Suele considerarse que el primer código regulador específicamente masónico fue el que el rey Athlstan de Inglaterra dio a estas corporaciones en el año 962, denominado Constituciones de York. Este manuscrito se perdió en el siglo XV y fue reescrito de memoria por los que lo conocían, por este motivo, la Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1248, son el documento masónico original más antiguo que se conoce. Ya en 1376 la Workshipfull Masons’ Company of London está representada en la Corte del Common Council, lo que hace suponer su existencia anterior por un periodo significante. Trata este documento de aspectos jurídicos, administrativos y de usos y costumbres del gremio. Le siguen en antigüedad otros documentos, como el Poema Regius o Manuscrito Halliwell (1390), el Manuscrito Cooke (1410), el Manuscrito de Estrasburgo (1459), los Estatutos de Ratisbona (1459), los de Schaw (1598), el Manuscrito Iñigo Jones (1607), los de Absolion (1668) y el Sloane (1700). Todos estos manuscritos se refieren a la masonería “operativa” o gremial, de la que especifican sobre todo las reglas del “oficio”.
Los historiadores suelen referirse a ellas en un sentido genérico como “constituciones góticas”. Desde 1530 parecen distintos documentos que aluden a los usos rituales de la masonería escocesa. El ritual masónico completo más antiguo que se conoce es el manuscrito denominando Archivos de Edimburgo, que data de 1696. El 6 de octubre de 1646 se inicia en la masonería el ilustre y distinguido rosacruz Elías Ashmole, quien se dice escribió el manual de los tres grados (Aprendiz, Compañero y Maestro) Por esta época es que la masonería operativa (gremial) comienza a tener mucho ingreso de intelectuales, (“Aceptados” en el sentido admitidos o adeptos –dentro de las logias de masones operativos- sin ser del oficio) Comienza entonces a tomar fuerza la masonería especulativa en 1717. En estos “talleres” encontraban refugio lícito para intercambiar sus ideas liberales. El ilustre masón John Locke (1632-1704) con su “Ensayo sobre el entendimiento humano” publicado unos cincuenta años antes de la fundación de la Gran Logia de Londres, abre las puertas a una nueva forma de considerar al hombre, ya no como un elemento del régimen patriarcal de la Edad Media, sino como un integrante de las Guildas que le eran necesarias para ser más fuerte. Son los albores de La Ilustración y comienza a imponerse una concepción antropocentrista.

El hombre vale como individuo y no como integrante de una familia o de un gremio. El inglés Francis Bacon (1561-1626) proclamó la preeminencia de la investigación científica. René Descartes (1596-1650) lanza su revolucionario “pienso, luego existo” Finalmente, la masonería moderna (“especulativa”) se consolida con las Constituciones de Anderson, basadas principalmente en el manuscrito Regius (o Real, 1399) y Cooke (1414), amén de los documentos recopilados por Payne y pertenecientes a los masones de Londres. Payne entregó a Anderson las Constituciones Góticas, el conjunto de más de un centenar de pergaminos y libros de diversos países de Europa (Italia, Francia, Alemania, Escocia, Inglaterra), así como los mencionados manuscritos; además Payne redactó inicialmente las treinta y nueve Ordenanzas Generales. James Anderson terminó el trabajo en el mismo año 1721 y presentó su informe en la Tenida (reunión de masones) del equinoccio de otoño (23 de setiembre de 1721), el cual inmediatamente fue sometido a estudio por una Comisión formada por 14 miembros de la Gran Logia. Esta Comisión expidió sus conclusiones en la Asamblea de equinoccio de primavera (25 de marzo de 1722), aconsejando su aprobación con algunas pequeñas modificaciones.
El informe de la Comisión fue aprobado por unanimidad de las 24 Logias presentes en esa Asamblea. Las Constituciones definitivas se presentan en el año 1723, siendo firmadas por el Gran Maestro, el duque de Wharton y el Gran Maestre Diputado, que precisamente, era el mismo James Anderson. De una forma simbólica se hace constar en las Constituciones que a partir de entonces ya no será la catedral un templo de piedra a construir, sino que el edificio que habrá de levantarse será la catedral del Universo, es decir, la misma humanidad. Desde entonces, hasta nuestros días, se trabaja en el “Arte Real”, la construcción del hombre. Como se sabe, una corriente numerosa de masones liga especialmente con el Origen Templario, escocés y Jacobita de la Orden, para lo cual exhiben numerosos testimonios y hechos por demás probables. Eso sin que esta corriente niegue la herencia Pitagórica, Hermética, Platónica y Socrática, y tampoco la de las corporaciones de constructores, los rosacruces y principalmente los judíos, por la elocuente prueba con el mito de Hiram y la construcción del Templo de Salomón. Quizás muchos masones crean que, dándole origen antiquísimo a la Orden, se logra que la Institución adquiera mayor relevancia, o importancia; afortunadamente somos muchos los que no lo consideramos así.
Como el material esencial de la masonería es el hombre y éste continúa día a día ingresando a las Logias, es evidente que se da pensamiento positivo actual, aunque cada iniciado sea impactado por el ritual de Iniciación, los usos y costumbres que aún se conservan y practican. Luego de este atropellado viaje, por no haber espacio para andar despacio, contemplar, reflexionar y ordenar un desfile de argumentos e ideas, llego a la conclusión de que la Masonería no vino de, sino que fue a las fuentes para incluir en su doctrina principios de valor universal y permanente. Ella se ha vestido con trajes de muchos colores, pero ha sido y continúa siendo el ser mismo; por ello, mientras haya humanidad, continuará dando herramientas para que el hombre, medida de todas las cosas, construya el cuarto reino y deje de ser “animal social” Nótese que el lenguaje, los rituales, las enseñanzas son progresivas a partir de la Iniciación.
Las herramientas del Aprendiz le permiten al iniciado quitarse lo que le sobra, para encontrar la mónada indivisible, o sea el mismo. Esa semilla, que es el iniciado salido del limo de la tierra, al ser limpiado y purificado es sometida luego al fuego sagrado que consume y endurece su “corteza” (cuerpo físico); entonces el Aprendiz con gran esfuerzo logra sacar sus manos y brazos rompiendo la capa exterior de su cuerpo que se ha endurecido. Toma en su mano izquierda el cincel y en su mano derecha el mazo, para iniciar su urgente tarea de liberarse, porque solamente siendo libre puede romper las cadenas que lo tienen atado. Consciente de su ser, desarrolla conciencia individual. En su segunda etapa, ya libre, realiza su desarrollo integral por el conocimiento y desarrollo de sus sentidos, la ilustración de las artes liberales y el estudio y ejemplo de los beneméritos de la humanidad. Ahora, ya consciente de su ser social, desarrolla conciencia y pensamiento grupal, para trabajar debidamente en beneficio de las causas nobles, el progreso y el bienestar en paz y armonía. En su tercera etapa, de esta nueva forma de ver las obras en su verdadero valor y dimensión, corre el riesgo de confundirse y desviar su marcha hacia los caminos del sur; entonces se somete de nuevo, rectificando con su retrogradación, para así realizar su viaje interior. Ya ha terminado su trabajo con la piedra bruta de su personalidad, pero si desea alcanzar su exaltación, es menester descubrir a sus verdaderos enemigos que ambiciosos no le permiten concluir su obra superior, la construcción de su templo.

Vanas ilusiones de su mundo exterior, nubarrones que empañan su cielo azul por causa de otros, pero también de sí mismo, deben desaparecer; entonces muere el hombre viejo, para dar espacio al hombre nuevo, que ha sido levantado por la verdad que nunca muere. Esta alegoría, claramente indica lo que antes afirmara: Que la Masonería no vino de, sino que fue a las fuentes para incluir en su doctrina principios de valor universal y permanente. La masonería comprende tres periodos convencionales: operativa que abarca los siglos XIII al XVI, la masonería de los aceptados, que abarca el siglo XVII y especulativa, que comprende desde el siglo XVIII (1717) hasta nuestros días.




